
La balanza se inclinará por ver sí se trata de un enfrentamiento MAM y:
• El jugador que apuesta nos parece un mentiroso.
• Las chances ofrecidas son superiores a 2,5:1.
2. Sin proyectos visibles en contra. La misma mesa, una decena de manos después. En el pie, con dos limpers y los ciegos por hablar, eligen subir, mx7 con A de trébol y Q de picas, Los ciegos van al mazo y son vistos por un único rival, por lo que quedan MAM. Los dos cuentan con un stack profundo.
Flop: 8 de trébol, 2 de diamantes y Q de corazones
Él pasa, pero ustedes, a esas barajas, le apuestan el 60% del pozo y el rival vuelve a ver.
Turn: 3 de diamantes
Otra vez chequea. Ustedes se deciden, porfiados, por volver a mandar el 100% de lo que suma el pozo.
Vuelve a ver.
River: 6 de corazones
Intervalo. Es momento de meditar acerca de esta parada.
Interrogarse acerca de cuál es el elemento más importante, por sí solo, que nos pueda arrimar claves acerca de lo que más nos interesa saber: ¿restamos arriba o abajo?
La respuesta parte de saber contra quién nos enfrentamos. Si es un jugador de calibre, no descarten estar abajo; si no lo es, las chances están de nuestro lado. Si nos dieran a elegir, preferiríamos que fuera suelto y con tendencia a pagar.
Al que leyó detenidamente, no le habrá pasado por alto el monto con el que se abrió: 7 veces el valor del ciego grande. A esos montos los elegimos cuando la mesa, o dentro de los que quedan por hablar, concentra uno o varios sueltos que no achican con envites moderados. Un jugador suelto podría ver un mx9; después de haber limpiado, con
KO o QJ. Si además fuera débil, continuaría viendo lo que le mandamos.
Un jugador sólido puede entrar con KO o QJ, pero sería muy improbable que viera, a continuación, un mx7.
Con un par máximo, la clave pasa por el estilo del rival.
